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¿Estáis construyendo vuestra startup sin cimientos?

Pequeña guía sobre cómo crear una startup con una base sólida. Parte I: Problemas comunes a cientos de startups que han pasado por Soluble.

En Soluble trabajamos codo con codo con startups. Es nuestro día a día y lo hemos hecho ya con más de 100 startups distintas. Sus ritmos, tiempos y metodologías son muy distintos a los de las empresas consolidadas y esto define la forma en que nosotros trabajamos con ellas: no puedes trabajar de manera adecuada con startups si tu ritmo y metodología no es el de una startup.

A lo largo de estos años hemos ido notando ciertos problemas comunes que se repiten una y otra vez y que, con el tiempo, terminan siendo decisivos en el éxito o fracaso del proyecto. Por suerte, son problemas que tienen soluciones abordables. Echemos un ojo más de cerca a todo esto.

Esta publicación es la primera parte de una serie de cuatro que recogen y amplían el contenido de una charla que Ismael Barros y yo mismo hemos dado en varios eventos y espacios del ecosistema startup.

En esta primera parte desglosaré los distintos estadios por los que transcurre la vida de una startup y con qué problemas se pueden encontrar si no han construido sobre “cimientos” sólidos.

Fases de una startup.

Nos gusta ver los distintos estadios en el progreso de una startup como un proceso de edificación. Es una metáfora que nos permite identificar fases de crecimiento con edificaciones distintas para determinar las particularidades y necesidades que cada una de ellas tiene. Es cierto que los cambios, avances e iteraciones de las empresas emergentes suelen ser vertiginosos, pero hemos logrado diferenciar, grosso modo, varias fases en función de su crecimiento que se corresponden con las siguientes edificaciones.

Fase 1: la tienda de campaña.

El primer paso, el más ilusionante, pero el que menos infraestructura tiene. Los creadores están concentrados y ponen todo su foco y esfuerzo en validar la idea. Se desarrolla un prototipo de cómo podría ser el producto para comprobar la viabilidad de la idea y se plantea una hipótesis de modelo de negocio. Sus fundadores están muy ilusionados, comprometidos y también sin un duro aunque eso no es un freno.

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Fase 2: la cabaña.

Si las hipótesis eran correctas y los prototipos dieron resultados prometedores, se presenta una segunda fase de crecimiento. En la cabaña, todo el foco está puesto en desarrollar el producto hasta poder lanzar una primera versión estable del mismo que permita validar el modelo de negocio. A los fundadores se les une un pequeño equipo técnico que posibilita el desarrollo.

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Fase 3: la casita.

Con una primera versión del producto estable y un modelo de negocio que valida la hipótesis planteada al inicio, el foco se centra ahora en ajustar el producto al mercado y en su lanzamiento comercial. La startup empieza a obtener sus primeros beneficios. Al equipo de fundadores y tech, se les incorporan perfiles de marketing y contenido.

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Fase 4: el edificio.

El proyecto crece y crece. El foco se pone ahora en escalar tanto beneficios como clientes. Al tener un modelo de negocio validado y productivo, se desarrolla e itera el producto para escalar beneficios. Por último, también se refuerza la inversión en marketing, en el equipo técnico y aparecen perfiles de diseño.

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Fase 5: el rascacielos.

La última fase de crecimiento. El foco se centra en conseguir una mayor rentabilidad, expansión y apertura a nuevos mercados. El esfuerzo está en mejorar producto para que soporte dicha expansión. Se cuenta con un cashflow positivo y hay un crecimiento exponencial del equipo. Se empiezan a dar cambios en la directiva, perfiles seniors que salen y nuevos que entran, etc. Esta fase suele concluir en una salida a bolsa o en la adquisición por otra compañía. Lo que se conoce como un exit.

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Crecimiento sin cimientos.

En cada una de las fases del desarrollo de una startup, el foco está puesto en aquello que favorece el crecimiento. La visión es la de crecer, escalar, expandir… lo que puede provocar, en muchas ocasiones, que perdamos de vista la base, el anclaje con el suelo, esos cimientos que permiten resistir los embates y evitan que nuestro edificio se tambalee o incluso derrumbe.

A lo largo de estos años hemos detectado y ayudado a solucionar alguno de estos problemas a los que se enfrentan las startups que no han cimentado de manera adecuada la construcción de su producto ¿Cuáles son estos problemas? Vamos a ello.

Falta de diferenciación

Sin diferenciación, un producto se pierde en la inmensidad de opciones. Por lo general, siempre hay más de un producto en desarrollo que resuelve la misma problemática: sin vínculos diferenciales, existe el riesgo de no ser relevante para la audiencia.

Un player más fuerte nos adelanta.

Si tu producto se limita a una serie de funcionalidades, en cuanto un competidor mayor huela el negocio, te pasará de largo. Conseguir que Google (o similar) no te coma la tostada, no es sólo cuestión de funcionalidad.

Tu nombre no funciona.

Percatarnos de que nuestro nombre no conecta, no es memorable, no está alineado o, simplemente, no es eufónico cuando estamos en fases avanzadas de nuestra startup puede tirar por tierra mucho del trabajo realizado.

Problemas legales.

Aún funcionando, puede que el nombre, la identidad o el diseño que creaste de una manera no estratégica te cause problemas legales pudiendo tumbar todo el edificio.

No se acuerdan de ti.

Cuando tu producto es, o está muy cercano a ser, una commodity, el riesgo a ser olvidado por el usuario o cliente es muy alto. Cuando un producto no está ligado a atributos que transciendan su funcionalidad o servicio, no es relevante ni memorable más allá del momento de uso o disfrute.

Falta de apego y compromiso.

A la falta de memorabilidad se le une la falta de apego y de compromiso de los usuarios y clientes con el producto. Los usuarios conocen el producto, pero no hay nada en él que les haga posicionarlo por delante de otros competidores.

Falta de alineación interna.

No todos los problemas vienen causados desde fuera. El haber construido el producto sin haber tenido en cuenta los cimientos, puede causar que el propio equipo fundador no esté alineado en la misión de la startup causando inestabilidad, retrasos y fracaso.

Alta rotación de perfiles.

Del mismo modo, si no hemos cimentado de manera correcta la estrategia de nuestra startup, el nuevo talento que se va incorporando al proyecto no estará debidamente alineado. Esto causará que el vínculo con el proyecto sea frágil y el talento se escape.

Desconfianza.

En un producto joven, desconocido y donde hay más promesas que hechos contrastados, es complicado eliminar la barrera de la desconfianza. Si además el producto se enfoca en un sector sensible como pueda ser el sector financiero o el de la salud o sectores estratégicos como el de las comunicaciones o el energético, el riesgo a que la desconfianza sea un freno en la adquisición de usuarios es aún mayor.

Limitación para crecer o simplemente sobrevivir.

Todos estos problemas por separado y uno a uno puede que sean asumibles, pero si se prolongan demasiado en el tiempo o si se dan varios a la vez, frenarán el progreso de la startup o provocarán su derrumbe.

¿Cómo crecemos con cimientos?

Si todos estos problemas que hemos ido identificando son atribuibles a una falta de cimentación en nuestro edificio/startup, ¿qué son realmente esos cimientos? Desde nuestra experiencia, esos cimientos son la marca.

De la marca y de cómo trabajar el branding de manera estratégica para fijar nuestra marca al suelo con los recursos que cada fase necesita, hablará Ismael Barros en la siguiente parte de esta serie de publicaciones.

¿Hablamos?

Hagamos que las cosas pasen antes y multipliquemos las probabilidades de éxito para tu proyecto mientras disfrutas del camino.