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Diez años de construcción de Soluble

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“Para mí, Soluble es casa”. Con esta frase, Ismael Barros, CEO y cofundador de Soluble, resume una década de trabajo en el estudio: un proyecto que nació como continuación natural de dos trayectorias freelance y que, diez años después, se sostiene sobre una forma muy concreta de entender la marca, los clientes y la propia empresa.

En esta entrevista de 10 preguntas por los 10 años de Soluble, Ismael comparte 10 verdades sobre el camino recorrido: el primer rebranding que les puso en el mapa, el origen casi accidental del nombre, las relaciones de largo recorrido con clientes como RatedPower y los proyectos que todavía no pueden contar.

También habla de lo que suele quedar fuera del relato de aniversario: la posibilidad de cerrar, la tentación de vender, la dificultad de rediseñar la propia marca y la incertidumbre de imaginar los próximos diez años. Una conversación sobre cómo construir una compañía con recorrido sin dejar de preguntarse qué merece la pena conservar.

Pregunta. ¿Cuál fue el primer proyecto de Soluble?

Soluble empezó como continuación de las trayectorias como freelance de mi exsocio Laurent y de la mía. Con lo cual, el primer proyecto es complicado de identificar. Pero el primero que hicimos de rebranding como tal fue el que nos puso en el mapa del ecosistema: Ontruck.

Por otro lado, la primera factura que emitimos fue justo en mayo de 2016, hace diez años, para Tappx. Me alegra decir que siguen hoy activos y más sanos que nunca.

P. ¿De dónde viene el nombre de Soluble?

La historia oficial cuenta que es un nombre que nos ha venido muy bien y cuyo significado ha ido evolucionando según lo hacía la propia naturaleza de Soluble. Ahora mismo, creo que la acepción más potente es esa parte de involucrarnos en los equipos de los clientes. Realmente nos disolvemos en sus realidades.

Me gusta especialmente la definición en español según la RAE. Porque, por un lado habla de que se puede disolver, que es la que todos conocemos -y es la que se mantiene en inglés- . Pero, por otro lado, también dice que Soluble es aquello que se puede resolver. Y esto viene muy bien para lo que hacemos.

Volviendo a la historia real, empezó allá por 2011, cuando buscábamos un nombre para los proyectos que hacíamos juntos Laurent y yo. Estábamos estudiando arquitectura y vivíamos más de noche que de día. No sé si por falta de dinero, aunque seguro que por falta de paladar, pero usábamos mucho café soluble. Y las noches eran de cafés de “cuchillo y tenedor” que decíamos. Además, Soluble era una palabra que se escribía igual en inglés, en español y en francés.

El significado inicial no tiene tanta fantasía ni tanta enjundia como lo que luego hemos ido construyendo. Creo que es un buen ejemplo de cómo nacen y se desarrollan los namings una vez que los eliges. La propia naturaleza de la compañía lo va dotando de significado. Y lo que empezó como una broma interna, a día de hoy es un nombre que nos da mucha alegría.

P. ¿Con qué cliente lleváis más tiempo trabajando?

Diría que con RatedPower. Ahí tiene que ver nuestra querida Eva Cabanach y Emilio García: nos conocemos desde hace muchos años. Y con Rated hemos trabajado desde el año 2020.

Hemos hecho proyectos de todo tipo: empezamos con cosas más o menos pequeñas, con iteraciones de su web. También hemos acompañado en muchas iniciativas que han llevado a cabo. Diría que el momento más trascendental fue el rebranding que hicimos tras la adquisición por parte de Enverus, porque confiaron en nosotros para diseñar la integración de la marca de RatedPower dentro del grupo americano.

Trabajamos tanto con el equipo de España como con el equipo comprador. Y a día de hoy seguimos haciendo proyectos con carácter anual. Con la web, con Pulse, que es su evento anual. Ojalá que haya muchos años más de trabajo juntos.

P. ¿Qué proyecto no habéis podido contar?

No hemos podido contar varios. Al final, contar los proyectos es algo que requiere de aprobación de los clientes. Y quizás el que más me duele no poder contar, aunque reconozco que no me rindo, creo que en algún momento podremos contarlo. Fue un proyecto de varios años relativamente reciente. Probablemente el proyecto con más impacto por geografía y por horizonte temporal. Relacionado con la educación a nivel internacional. Y detrás estaban las personas y empresas más influyentes que se te vengan a la cabeza. Y hasta ahí puedo leer.

P. ¿Ticket medio de Soluble?

Es complicado dar una cifra porque ha habido mucha evolución de los precios en estos años. Y de la envergadura de los proyectos. Aun así, a día de hoy la horquilla es demasiado amplia como para que sea relevante dar una cifra de ticket medio. Pero podríamos decir que la media de proyecto de arranque de la relación está entre 40.000 y 60.000 euros probablemente. Aunque es cierto que las relaciones que construimos con nuestros clientes son a largo plazo y eso hace que al final ese número vaya creciendo.

P. ¿Te has planteado cerrar Soluble?

Hoy todavía no. Cuando me he planteado esa opción, la respuesta corta es “sí”. Creo que cualquier emprendedor se lo ha planteado en algún momento. Durante una etapa era algo que me aterraba, era una opción que ni siquiera me atrevía a mirar a la cara.

Fue hace no demasiado tiempo cuando me atreví a planteármelo de verdad, como una opción real que estaba sobre la mesa. Creo que es ahí donde suceden las cosas que realmente tienen impacto y que merecen la pena: cuando te atreves a mirar la opción que menos te gusta a la cara. Y desde ahí decidir no cerrar y continuar. Considero que es algo sano saber que esa opción está ahí y sentir que estás eligiendo no hacerlo.

P. ¿Te planteas hoy vender Soluble?

A día de hoy no. Nunca ha sido una opción que me llamara especialmente la atención. Hubo un tiempo en que creí que sí y no me llenó nada trabajar pensando que el objetivo era vender Soluble.

Para mí, Soluble es casa. Es donde suceden las cosas que nos apetecen. Es un proyecto empresarial evidentemente, no es un “no” rotundo a vender, pero no es el motor de lo que hacemos. Ni es algo que busquemos de forma proactiva. Si en algún momento me planteara vender, no sería a cualquier precio, ni a cualquier comprador. Creo que conservar lo que hemos construido es fundamental. Aparte de que no es el negocio que nace para ser vendido.

Con lo cual se tienen que dar demasiadas cosas a la vez para que sea una opción realista.

P. ¿A quién le encargarías el próximo rebranding de Soluble?

Esta es difícil. Siempre me ha parecido algo muy complejo. De hecho, en el rebranding que hicimos en 2021, nos salimos un poco por la tangente contratando a personas de fuera que lo hicieran dentro. Porque hacerlo internamente creo que es muy difícil, sino imposible. Y externalizarlo conlleva cuestiones de conflicto de intereses e historias que a veces pienso que podrían enturbiar un proceso así.

A día de hoy, creo que tengo muy claro lo que es y lo que tiene que ser Soluble. Por eso me daría menos miedo externalizar un rebranding. Y me iría a algún sitio para gozarlo. Por ejemplo, me iría a trabajar con Koto. Con alguna de las agencias, estudios o consultoras grandes que admiramos a nivel internacional.

P. ¿Cuándo supiste que Soluble iba a cumplir 10 años?

El día de antes. No tanto. Igual que lo de cerrar o vender. No es una cosa que tenga presente, ni siquiera es una meta. Para mí, que llevemos 10 años es una consecuencia de querer estar donde queremos estar haciendo lo que queremos hacer. Sí es cierto que cuando tomé conciencia de lo que quería hacer y abracé la realidad de Soluble, supe que esto era un proyecto con recorrido.

P. ¿Dónde te imaginas Soluble dentro de otros 10 años?

Me cuesta muchísimo esto, porque ya me costaba antes. Y quizás los primeros 10 años han sido bastante previsibles. Con todo lo que está pasando en el mercado, en el sector, a nivel tecnológico y social, me resulta imposible intuir dónde va a estar esto en 10 años.

Lo que me gustaría es que Soluble siga existiendo. Que la marca siga viva. Que siga contribuyendo a que otras marcas consigan sus objetivos. Y si es de forma independiente o como parte de algo más grande, ese algo más grande debería estar muy alineado con lo que es Soluble a día de hoy.

En Soluble nada ocurre por una única persona
Robin Quiroga

Robin Quiroga

Edición
Ana Matatoros

Ana Matatoros

Edición de imagen
Marta Factor

Marta Factor

Guion y dinamización
Carmen Fraga

Carmen Fraga

Edición
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